Más de cincuenta años después del final de la dictadura, la máxima condecoración pontificia otorgada al dictador Francisco Franco sigue sin haber sido revocada, reabriendo el debate sobre la necesidad de eliminar todos los vestigios de legitimación institucional del franquismo.
Desde mi punto de vista ahora que está el Papa en España sería bueno que hiciera algún guiño sobre este particular tema ya que la memoria democrática exige revisar todos aquellos reconocimientos que todavía hoy mantienen vigencia hacia figuras vinculadas a la dictadura franquista.
Más de cincuenta años después de la muerte de Francisco Franco, la Santa Sede continúa manteniendo entre sus registros la máxima condecoración pontificia que le fue otorgada en 1953 por el papa Pío XII, en el contexto del Concordato firmado entre el régimen franquista y el Vaticano. Aquella distinción reconocía los supuestos servicios prestados por el dictador a la Iglesia católica durante y después de la Guerra Civil.
La condecoración, conocida como la Suprema Orden de Cristo, nunca ha sido revocada oficialmente, pese a las reiteradas demandas de sectores democráticos y memorialistas que consideran incompatible mantener honores a quien encabezó una dictadura responsable de la represión y la vulneración de derechos fundamentales.
Bueno, si no hace este pronunciamiento
estos días, ojalá lo haga desde el Vaticano, sería un gesto muy importante por
parte del estado que León XIV preside.

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