Al dejar de celebrarse conjuntamente, las elecciones autonómicas y municipales pierden el marco unitario que las vinculaba y cada convocatoria pasa a ser un plebiscito diferenciado, aunque altamente politizado.
El PP ha decidido adelantar elecciones para
acercarse a La Moncloa, pero solo está logrando tres cosas: perder escaños,
paralizar a las comunidades autónomas y fortalecer a Vox. No es lo mismo
afrontar las dificultades con responsabilidad y transparencia que hacerlo con mentiras
y cálculo partidista.
Intentar sacar rédito político de las desgracias
se ha convertido en práctica habitual de PP y Vox, subidos en la misma ola
ultra. Comparten un proyecto basado en la división, el odio y la “patria en la
cartera”: debilitar lo público para favorecer privatizaciones, recortes y
privilegios fiscales a los más ricos. Crear tensión para vivir del conflicto y
normalizar discursos reaccionarios.
España no merece el bloqueo ni el populismo
simplista que reduce problemas complejos a consignas fáciles. Esa degradación
pone en riesgo la democracia y la convivencia. A Feijóo parece no importarle
utilizar el dolor con fines partidistas ni dejar territorios ingobernables,
atados a la ultraderecha, mientras crecen el negacionismo y el miedo. Y de todo
esto que opina el presidente del Gobierno de La Rioja.
Frente a eso, solo hay un camino:
responsabilidad, respuestas eficaces y un Gobierno que no pierda el rumbo. Ejemplo
de lo que decimos es la subida del SMI a 1.221 €, el fondo de 23.000 millones
de euros en fondos públicos y privados para construir 15.000 viviendas al año o
el posicionamiento de Pedro Sánchez en Múnich contra el riesgo de la
proliferación nuclear.






