La pregunta que hoy nos hacemos es si, una vez
más, los egos y el cainismo impedirán superar esta tara histórica —que no debe
confundirse con la prepotencia, el coartar la libertad ni pluralidad— cuando lo
que debería primar es cómo frenar a las derechas y cómo defender la democracia.
La Casa Común
La expresión “casa común”, cuando se utiliza en
el contexto del PSOE, es una metáfora política que describe la idea de que el
socialismo democrático puede constituir el espacio en el que confluyan y se
integren distintas sensibilidades progresistas y de izquierdas.
El propio Santiago Carrillo, tras disolver su
partido (el Partido de los Trabajadores de España), defendió que era preferible
integrarse en una “casa común” amplia como el PSOE antes que permanecer
aislados en fuerzas minoritarias fuera de ese espacio político.
En el debate
actual
Aunque hoy no esté formalmente sobre la mesa, no
sería descabellado que esta idea regresara al debate público. En el pasado
funcionó, y en el momento actual el PSOE podría actuar como catalizador de un
espacio capaz de articular a diversas sensibilidades de la izquierda a la vez
que facilitador de aquellos otros que se identifican con las ideologías más
allá del socialismo democrático.
Existe experiencia histórica en este terreno, y
podría favorecer un reagrupamiento basado en afinidades programáticas e
ideológicas, alejándose del egocentrismo que parece impregnar la política
actual.
Hablando con claridad: la militancia de Movimiento
Sumar podría plantearse su adhesión al PSOE, como en su día hicieron los
militantes del Partido Socialista Popular (PSP), del Partido de los
Trabajadores de España–Unidad Comunista (PTE-UC) y del Partido Democrático de
la Nueva Izquierda (PDNI).
Despejado el tema de Movimiento Sumar, IU y
Podemos lo tendrían más fácil el alcanzar algún acuerdo.





