La coherencia en la identidad visual no es un asunto menor: es una herramienta estratégica fundamental en cualquier organización, y más aún en un partido político con la historia y el reconocimiento del PSOE.
No es la primera vez que traslado mi preocupación por la
imagen que se está proyectando en los últimos tiempos. La utilización de un
logotipo acompañado de una barra y un corazón —cuyo significado no ha sido
explicado ni, que se sepa, acordado en los órganos correspondientes— introduce
un elemento de confusión innecesario en nuestra comunicación pública.
Lejos de reforzar nuestra marca, lo que estamos generando es
dispersión. En recientes campañas electorales, hemos podido ver un auténtico
“pupurri” de logotipos, identidades gráficas y adaptaciones que poco o nada
tienen que ver con la imagen oficial que aparece en las papeletas electorales.
Esta falta de coherencia debilita el reconocimiento inmediato por parte de la
ciudadanía y resta eficacia a nuestro mensaje político.
El PSOE cuenta con una identidad visual sólida, reconocible
y legitimada por nuestros Congresos. Abandonarla o diluirla sin un debate
previo ni una decisión colectiva no solo es un error técnico, sino también
político.
La marca no es un elemento decorativo: es confianza, memoria
y credibilidad.
Por ello, resulta urgente que desde la Comisión Ejecutiva
Federal se impulse la recuperación de una imagen única, clara y coherente en
todos los soportes: sedes, actos públicos, cartelería y comunicación digital.
No podemos permitirnos trasladar una imagen cambiante que desoriente tanto a
nuestra militancia como al electorado.
Basta observar a nuestros partidos hermanos en Europa, como
el portugués o el francés, que mantienen una identidad visual consistente y
perfectamente reconocible.
¿Alguien imagina a grandes organizaciones como Correos o
entidades financieras modificando constantemente sus símbolos? Evidentemente
no. La solidez de una marca reside precisamente en su estabilidad.
El PSOE no puede ser una excepción.




