Las elecciones impulsadas por el PP para desgastar al PSOE y a Sánchez utilizando a la ciudadanía son un despropósito que, en algún momento, los electores deberían tener en cuenta y hacer pagar a sus promotores.
Las elecciones autonómicas en Aragón —y antes en Extremadura— han sido planteadas como unas primarias de las generales de 2027, pero la jugada le ha salido al revés al PP de Feijóo.
Ya sé que no se pueden hacer extrapolaciones automáticas, pero, al margen de la participación y otras consideraciones, si tomamos como referencia los datos del pasado 8F y los aplicamos a unas elecciones generales, el resultado en Aragón sería llamativo. De los 13 diputados que se eligen al Congreso por la comunidad (3 por Huesca, 3 por Teruel y 7 por Zaragoza), en Huesca y Teruel se pasaría a un triple empate (1 PP, 1 Vox y 1 PSOE). Es decir, el PSOE mantendría su representación actual, mientras que sería el PP quien perdería escaños. En Zaragoza, de los 7 diputados en juego, 4 serían para el bloque de derechas y 3 para el de izquierdas.
Todo esto es, por supuesto, una hipótesis. Pero, ya que hablamos de “primarias”, jugar con los números también forma parte del análisis. Y, en ese escenario, el resultado no sería tan negativo para el PSOE.
El año 2026 —como estamos viendo— será especialmente intenso desde el punto de vista electoral. La primera comunidad autónoma en acudir a las urnas ha sido Aragón; en marzo le seguirá Castilla y León. En Andalucía aún no hay fecha exacta, pero las elecciones deberán celebrarse, como muy tarde, a las puertas del verano. Después vendrán meses decisivos y, en política, unos meses pueden equivaler a una eternidad.
Como ha recordado Sánchez desde la India, las elecciones generales están previstas para 2027, salvo adelanto.

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