En las filas socialistas no caben los apáticos, los abúlicos, los indiferentes. El socialismo es militancia, y militancia es disciplina, de actividad y de vigor.
La apatía social y
política sigue siendo uno de los grandes problemas de cualquier sociedad
democrática. Cuando las personas dejan de implicarse en los asuntos colectivos,
cuando piensan que nada puede cambiar o que su voz no sirve para nada, se abre
el camino para que otros decidan por la mayoría.
La indiferencia no es
neutral. Una ciudadanía desmovilizada facilita que crezcan los discursos del
odio, la desigualdad y los abusos de poder. La democracia necesita
participación, compromiso y una sociedad activa que defienda los derechos
conquistados.
La resignación solo
fortalece a quienes quieren debilitar lo público, dividir a la sociedad o
reducir derechos. La historia demuestra que los avances sociales nunca fueron
regalos: siempre fueron resultado de la organización y del esfuerzo colectivo.
Por eso, participar en
asociaciones, sindicatos, movimientos sociales o partidos políticos sigue
siendo fundamental. Implicarse no significa pensar igual en todo, sino asumir
que una democracia fuerte necesita ciudadanos críticos, informados y comprometidos.
Decía Pablo Iglesias
Posse. “Todo afiliado al PSOE debe imponerse a si mismo más deberes que
derechos y ser soldado de la causa, siempre dispuesto a acudir a cualquier
llamamiento del partido”.
Hoy, igual que hace más
de un siglo, el reto continúa siendo combatir la apatía y recuperar la
confianza en la acción colectiva. Frente al individualismo y la indiferencia,
la mejor respuesta sigue siendo la participación, la solidaridad y el
compromiso con una sociedad más justa. Veremos que pasa el domingo en las
elecciones andaluzas. Quedarse en casa es peligroso.
Adaptación contemporánea inspirada en un artículo
histórico de El Socialista (principios del siglo XX).