Una de las preocupaciones por las que los estudiosos y
miembros directos que actúan en la plural izquierda, pasa inevitablemente por
tener claro en La Rioja cuál es el objetivo en un escenario político nacional
tan tensionado y de bloques. Consolidar el echo partidario, organizar con más
activismo de calle e institucional, la propia existencia constitucional e
ideológica ante la ciudadanía tienen que ser los pilares que clarifiquen el
mapa electoral.
En
términos globales podemos afirmar que las elecciones del 9J dan un resultado
que, sin ser la verdad plena, explica el momento en el que nos encontramos en
el conjunto global dentro de la UE. La extremaderecha avanza posiciones en
buena parte de Europa y es urgente que desde la izquierda se encuentre la
manera de revertir esta tendencia, porque nos jugamos los derechos que hemos
conquistado y el futuro de las próximas generaciones.
Si
miramos que ha pasado en España el PP ha ganado y el PSOE resiste o si se
quiere decir de otra manera: “Ni tan bueno es el resultado del PP ni es malo el
del PSOE”, pero, ello no puede ocultar la desestructuración de la denominada
izquierda alternativa y el aumento de voto a organizaciones de ultraderecha.
Pongamos
un ejemplo cercano. En Logroño y más exactamente en el entorno de la calle San
Millán, la ultraderecha Vox y Se Acabó la Fiesta han conseguido más del 25% de
los votos, dato que ciertamente no se alcanza en ningún otro punto de la
capital. Pero ¿Qué ha ocurrido para que esto suceda?
Un
primer acercamiento es señalar que esta zona de la ciudad está dentro de los
parámetros de ser un barrio tradicionalmente de gentes trabajadoras o jubiladas
en el que la presencia de población inmigrante ha crecido en los últimos años
siendo posiblemente hoy una de las zonas con más presencia de la ciudad.
Un
segundo acercamiento es la pacífica coexistencia entre la población “histórica”
y el nuevo habitante llegado de otros países, que en más de un caso ya conviven
en guarderías, aulas de colegios e institutos.
Si
nos damos un paseo por estas calles podríamos adivinar que hay varias
consecuencias. Una de ellas es ver una pluralidad lingüística e indumentarias
llamativas que hasta hoy no ha perturbado el costumbrista ambiente. Otra, es el
beneficio innegable económico que aportan estos extranjeros, motivado -entre
otros-, por el fallecimiento de vecinos cuyos herederos logroñeses ponen en
venta o en alquiler pisos y locales.
Por
tanto, y con todo el respeto me duele la hipocresía de los Manolos, las
Isabeles, los Juanes y las Marias de turno, esos que podríamos llamar “los de
toda la vida”, que han votado a partidos muy alejados de las doctrinas
humanistas y cristianas aprendidas en sus años de juventud y que supuestamente
alimentan su existencia moral y tradicional.
Seguro
que con más rigor se puede ver este fenómeno y dar una explicación más
solvente. Seguro que si, pero en un mundo globalizado todo nos afecta y en esta
población madura que he elegido como posibles votantes en favor de los ultras,
seguramente haya tenido que ver mucho el boca a boca practicado en bares,
peluquerías e hipermercados, más que las redes sociales, aunque también, y
muchos mensajes periodísticos que han blanqueado como “gota malaya” posiciones
populistas que vienen satanizando a Pedro Sánchez a su gobierno de coalición
tildándoles de okupas y al PSOE.
Concluyo.
Toca visibilizar el ideario socialista hablando con franqueza a la gente de
este barrió y del conjunto de la región, y, con naturalidad explicar
didácticamente a cada problema por complejo que sea cual es la alternativa que
damos. Para esto hay que utilizar los recursos propios, gastar mejor el dinero,
organizar la militancia y hacer que llegue el mensaje por tierra, mar y aire.