Cuando les interesa, Marruecos es el enemigo; cuando les conviene, toca hacerse los distraídos. La derecha española parece padecer una curiosa amnesia histórica: recuerda lo que le sirve para atacar a Pedro Sánchez y olvida todo aquello que incomoda a sus propios mitos patrióticos.
El PP es como un péndulo. Los días pares descubre que Marruecos es un mal vecino; los impares parece recordar que también hay que llevarse bien con él. Y, curiosamente, del rey alauita se habla poco cuando hacerlo puede resultar incómodo.
Así funciona buena parte del nacionalismo español de derechas: mucho ruido, mucha bandera y una memoria histórica convenientemente selectiva.
Y esto tampoco es nuevo. El franquismo ya sabía bastante de estas técnicas. Cuando la realidad no encajaba con el relato oficial, se censuraba, se maquillaba o, sencillamente, se hacía desaparecer de los periódicos.
Recordemos algunos episodios que quizá no figuren en el manual de patriotismo de quienes repiten aquello de «¡Esto con Franco no pasaba!».
➡️ Guerra de Ifni, 1957-1958. El régimen de Franco se enfrentó al Ejército de Liberación Marroquí por el control de los territorios del África Occidental española. Una guerra incómoda para una dictadura que presumía de ejército invencible y de España fuerte.
➡️ La censura hizo el resto. Mohamed V de Marruecos defendía las reivindicaciones del denominado «Gran Marruecos». Franco ocultó y minimizó el alcance de los combates mediante la férrea censura de prensa y radio, mientras presentaba los ataques como acciones de bandas comunistas incontroladas. Ya se sabe: si la realidad contradice al régimen, se cambia la realidad.
➡️ Tratado de Cintra. En abril de 1958 España cedió Cabo Juby a Marruecos y, finalmente, abandonó Sidi Ifni en 1969. Unos años antes, en 1968, la España de «Una, Grande y Libre» había reconocido la independencia de Guinea Ecuatorial. Mucha grandeza, pero algunos mapas empezaban a quedarse más pequeños.
➡️ Y llegó la Marcha Verde. En noviembre de 1975, mientras Franco agonizaba, Marruecos organizó la Marcha Verde sobre el Sáhara Occidental. España abandonó posteriormente el territorio. El régimen que durante décadas había vendido una imagen de fortaleza y orgullo nacional tampoco fue capaz de resolver aquel conflicto.
Y después de todo esto, uno tiene que escuchar a algunos nostálgicos hablar de aquella España como si Franco hubiera sido una especie de estratega geopolítico infalible.
Resulta francamente divertido. Porque cuando uno repasa la historia descubre que aquel régimen tan amante de las proclamas patrióticas también tuvo derrotas, cesiones territoriales, descolonizaciones y conflictos que no supo resolver. Pero de eso, naturalmente, se habla menos.
Hoy ocurre algo parecido. El PP y Vox agitan el miedo, exageran cualquier conflicto con Marruecos y convierten Ceuta en munición partidista cuando les interesa. Después, cuando la realidad exige responsabilidad de Estado, bajan el volumen y cambian de posición.
Péndulo político. Memoria selectiva. Patriotismo de usar y tirar.
Por eso convendría que quienes tienen tanto ardor guerrero leyesen tranquilamente la historia de España antes de utilizarla como arma contra Pedro Sánchez.
Porque la historia tiene una desagradable costumbre: no se deja manipular eternamente.
Y quizá algunos descubrirían que para defender España no hace falta gritar más que los demás. Hace falta conocerla, respetarla y decir la verdad, incluso cuando la verdad no favorece nuestro propio relato.
🖋 Texto inspirado en Valentín Tomé
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