Tratar lo sucedido en Ceuta únicamente como una crisis migratoria es un error que pone de manifiesto el bajo nivel político de muchos gobernantes europeos. Además, algunos insisten en centrar el debate en el supuesto "efecto llamada" derivado del proceso de regularización impulsado por el Gobierno de España, ignorando deliberadamente el complejo contexto geopolítico que rodea esta situación.
Por ello, me reafirmo en lo que ya manifesté hace unos días en Internet y en distintos foros de debate.
1.º El impresentable de Donald Trump y la Administración estadounidense que encabeza ya advirtieron, durante la cumbre de la OTAN celebrada en Ankara, de que "algo iba a ocurrir". Para ello recurrieron al recuerdo de la pérdida de Filipinas, Cuba, Guam y Puerto Rico. Aquella fue una bravuconada destinada a intimidar a Pedro Sánchez para que se plegara a los intereses de Washington, anticipando además posibles tensiones territoriales como la vivida esta semana. Diversos medios de comunicación interpretaron aquellas palabras como un mensaje dirigido a Canarias, Ceuta y Melilla, territorios extrapeninsulares cuya protección plantea interrogantes por la letra pequeña del Tratado de la OTAN.
2.º Lo sucedido sitúa al Gobierno democrático de España ante un dilema: solicitar el respaldo y un análisis geopolítico conjunto de la Unión Europea o, una vez superada la crisis, responder mediante medidas selectivas de carácter socioeconómico si las cancillerías y las instituciones europeas no demuestran la solidaridad que un Estado miembro merece.
En mi opinión, esta crisis vuelve a evidenciar la existencia de una convergencia de intereses entre Estados Unidos, Israel y Marruecos, un tridente que actúa en perjuicio de los intereses estratégicos de España. Del mismo modo, considero especialmente criticable la actitud del PP y de Vox, a quienes acuso de anteponer sus intereses partidistas a los intereses nacionales, por mucho que se envuelvan en la bandera rojigualda.
Está por ver si el jefe del Estado, Felipe VI, además de mostrar su malestar con el Gobierno de España —al menos así lo interpreto yo—, tendrá la determinación de visitar Ceuta y mantener un encuentro con el monarca marroquí, Mohamed VI, con quien mantiene una estrecha relación institucional.
Por último, el Gobierno de coalición PSOE-Sumar haría bien en reforzar la protección y el control de las fronteras de Ceuta y Melilla ante la posible tensión que podría generarse con la futura aprobación de la ley que facilitaría el acceso a la nacionalidad española a los ciudadanos saharauis que deseen acogerse a ella.
