Las declaraciones de Donald Trump sobre Groenlandia no son una excentricidad, sino la expresión de una visión geopolítica que trata territorios y pueblos soberanos como mercancía. Groenlandia hoy por hoy pertenece al ámbito europeo y solo su ciudadanía puede decidir su futuro. Cuestionarlo vulnera el derecho internacional y la autodeterminación.
Este discurso forma parte de una estrategia
neoimperialista más amplia, con amenazas recurrentes sobre países de América,
de México a Cuba o Colombia, y el retorno a las esferas de poder. Una retórica
que erosiona el orden internacional y sustituye la cooperación por la
imposición.
Ante
ello, la Unión Europea debe responder con firmeza, defendiendo soberanía,
multilateralismo y el derecho de los pueblos. En este contexto, la recién
publicada “Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de 2025” no
solo profundiza la lógica militarista y de hegemonía global, sino que
representa una clara agresión a la UE y a las fuerzas democráticas de nuestro
continente, al subordinar la cooperación internacional a los intereses de una
superpotencia que prioriza su dominio estratégico sobre el respeto mutuo entre
Estados.
Es destacable que Pedro Sánchez convoque una ronda con la mayoría de grupos
políticos para abordar el envío de tropas de paz a Ucrania cuando acabe la
guerra. Veremos que dicen el PP y la supuesta izquierda más allá del PSOE.
España planteará una participación de “capacidades militares” en el país
invadido si antes se alcanza un acuerdo de paz.
Harían bien las fuerzas progresistas en actuar unidas, ser realistas con el
momento y recordar el pasado que dio paso a la Segunda Guerra Mundial.
